Carta para los nuevos médicos residentes

por | Nov 12, 2020 | Actualidad, Comunidad SD | 0 Comentarios

Estos más de 12 años en el mundo de la medicina me han dado valiosas enseñanzas, que me habrían encantado conocer en su momento.

El camino de nosotros los médicos está lleno de altibajos, de satisfacciones y sinsabores. Hoy me animo a escribir, desde mi experiencia, lo que me habría gustado saber durante mis primeros años de este largo camino.

Querido yo, médico residente

Felicitaciones, sabemos que no es fácil lograr una plaza para la especialidad. En estos años de aprendizaje y trabajo constante, tu sede hospitalaria se convertirá en tu casa, y tus co-residentes; tus hermanos. De estas relaciones dependerá que tan bien o mal transcurra ese tiempo. Apóyense, cuídense entre ustedes, que los días intensos o difíciles serán más llevaderos cuando tengas a alguien dándote la mano o escuchándote. Y traten a sus menores de la forma que habrían querido ser tratados. Sean diferentes al resto.

Los que ya hemos pasado por esta época sabemos que la mayoría de hospitales funcionan, en gran parte, por el trabajo de los residentes. Así que en tus manos está que tan rápido logres diagnosticar, hospitalizar o tratar a tus pacientes. Consigue amigos/aliados en otras especialidades, pídeles ayuda cuando tus pacientes lo necesiten y devuélveles el favor siempre que puedas. Así, la cadena de gestos nobles y buenos sigue creciendo.

Si alguna vez uno de tus maestros te dijo que “tu mejor libro es tu paciente”, puedo decirte que es totalmente cierto. Durante estos años te aseguro que más interiorizarás todo aquello que viste en tu día a día, tanto los casos sencillos como aquellos casos complicados que te hicieron convertirte en todo un investigador. Aprovecha tu tiempo dentro de tu hospital, ya que todas estas vivencias te ayudarán a resolver casos similares, cuando termines y tú te conviertas en el médico tratante.

Deseo terminar recordándote que busques siempre el bien de tu paciente, sea una prueba, un tratamiento médico o una cirugía. Él o ella confían en que su doctorcito(a) hará todo lo necesario para curarlo(a), no lo defraudes. Si conoces bien tu caso, tienes evidencia que te respalda, y lo pides con amabilidad pero convicción, hasta el más duro de los médicos asistentes te escuchará. Y si no lo hace, sigue intentándolo por otro camino. No hay sensación más reconfortante, sea cual sea el resultado final, que saber que has hecho todo lo posible por ayudar a quien necesita de ti.

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